La Cuba Posible
2 marzo 2009, 11:31
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Por: Waldo Fernández Cuenca

 

La recién finalizada Feria Internacional del Libro en la Habana trajo un acontecimiento que pasó “desapercibido” para los medios cubanos y por ende para la mayoría de la población isleña que solo tiene acceso a las fuentes oficiales de información. La inmensa colección dedicada a los 50 años del Triunfo de la Revolución Cubana volvió a mostrar las fuertes tensiones de un campo cultural dolorosamente escindido por motivaciones políticas y que no encontrará un acomodo o sosiego hasta que cesen odios, resentimientos e injustas exclusiones. El libro: La ínsula fabulante, una colección de los mejores cuentos cubanos en este último medio siglo suscitó la airada protesta de la viuda de Guillermo Cabrera Infante por incluir el cuento de su esposo: “En el gran ecbó”, nada más y nada menos que como el primero en la cuidadosa selección del escritor y crítico cubano Alberto Garrandés.  

 

Y es que para los que aún no lo saben, Cabrera Infante prohibió en vida que ninguna de sus obras fuera publicada en su tierra natal hasta que cayera la “tiranía de Fidel Castro”, e infructuosas resultaron las gestiones de la Editorial Letras Cubanas por publicar sus mejores obras en años recientes. Hubo que conformarse entonces con poner ejemplares en nuestras bibliotecas. Pero también es cierto que su monumental obra literaria estuvo vedada en Cuba por mucho tiempo debido a razones estrictamente políticas, las mismas que llevaron al Premio Cervantes de Literatura a tomar tan fatal decisión. Igual ocurre en el caso de Reinaldo Arenas, incluido en esta antología, pero imposibilitada cualquier editorial radicada en Cuba de publicarle una sola obra por expresa orden suya antes de morir. Con ambas decisiones, solo perdió la cultura cubana.

 

La pregunta qué cabe es: ¿Qué móviles llevaron a Cabrera Infante a tomar tan cruel decisión? Ante el enigma, hay infinidad de posibles respuestas. Resulta entonces imprescindible reconstruir su polémica vida y el difícil contexto en que se movió, lleno de radicalizaciones políticas y culturales. Las nuevas generaciones (las que injustamente pagan y heredan esta situación) deberán lidiar con el pesado lastre de los años “grises” del 70 y el mar de prohibiciones absurdas en nombre del “desviamiento ideológico” más el gastado argumento de no “darles armas al enemigo” que todavía hoy pesan sobre el imaginario nacional.

 

Si una asignatura le queda pendiente a la Revolución Cubana y a su cada vez más extensa diáspora, es la del camino de la reconciliación senda tortuosa y compleja que apenas si da sus primeros pasos después de un enfrentamiento a muerte que aún no cesa. Todavía quedan los recalcitrantes de aquí y los de allá empotrados en una Cuba que se extinguió: la republicana para los extremistas del sur de la Florida y la de los 70 para muchos cubanos de la Isla.  Ambas han muerto, nos queda solo construir la mejor de las Cubas posibles: la de todos.

 

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