El panorama musical matancero de los años cincuenta
13 abril 2009, 11:12
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Entrevista a Ildefonso Acosta

Por Mauricio Cifuentes Nodarse

 

Ildefonso me recibe en la sala de su casa, sonriente y enérgico. Me instalo en el sofá, junto a su esposa, la profesora Iraida. A mi espalda, un gobelino francés recrea una escena campesina española: parejas de jóvenes bailando con los acordes de un joven guitarrista.  Ildefonso, que es muy ágil, enseguida señala: ‘‘es una pena que el guitarrista sea zurdo’’. El Maestro guitarrista luce entusiasmado con la conversación:

 

‘‘Los cincuenta fueron mis años de juventud, de adolescencia. El barrio donde nací fue uno muy musical, de zapateros, de pequeñas fábricas de calzado. Había un sitio, a una cuadra de aquí en el barrio de Bachicha, frente a un gran café, que un jaranero había empezado a  llamar Sindicato de Hombres sin Trabajo, donde nos reuníamos a conversar, a pasar el tiempo. En este Sindicato que no era tal, se gesta el primer conjunto musical del barrio, y muchos de aquellos jóvenes zapateros empiezan a recibir clases con Dagoberto Hernández Piloto. Yo ingreso en este conjunto siendo prácticamente un niño, a principios de los cincuenta, aunque, a diferencia de la mayoría allí, que eran empíricos, yo ya tenía conocimientos de música: primero con la armónica, qué significo mucho para mí, pues fue con ella cuando mi padre descubrió que yo tenía unas aptitudes tremendas. Me había inventado una suerte de gancho, que permitía amarrarme una maraca en cada pie, y así tocaba la armónica, la guitarra y las maracas, los tres instrumentos al mismo tiempo. Recuerdo que la guitarra estaba encima del librero, ya la tocaba de oído cuando comienzo a tomar clases de violín con Cándido Failde, sobrino- nieto de Miguel Faílde, a los ocho años de edad, pero aquello no resulto. Cándido le decía a mi padre que como violinista yo no tenía futuro. Más adelante, con Rafael Somavilla, que fue mi Maestro de trompeta, y a la edad de doce años, empiezo a recibir clases privadas con Mercedes Galindo, junto a otros alumnos. Entre nosotros estaba también Pablo Quintana.

Aspecto singular e histórico de esta ciudad  es la fundación de la Orquesta de Cámara de Matanzas que con  extraordinario esfuerzo y altruismo por parte de sus creadores nacía en 1950 con su concierto inaugural en el Teatro Sauto integrada por músicos que vivían como sastres, plomeros,  carpinteros,  albañiles, o empleados.  Su  máximo profesionalismo estaba dado en  su absoluto amor por la  música profesional de concierto. Me es imposible dejar de mencionar  los maestros Mario Argenter Sierra y Reynol Alvarez Otero,  sus impulsores eternos.

En el Sauto se presentaba además la Compañía de Teatro y Variedades de Enrique Arredondo que todos los años visitaba Matanzas. Yo debute en esta Compañía, a la edad de quince años, en el 54, en el Cine Velasco con nuestro Trío de voces y guitarras “Trío Tropical”.  

La Catedral de Matanzas en los años 50 tuvo especial incidencia en la cultura provincial y nacional, salida de sus paredes en esos años y desde mucho antes por  la promoción cultural de  su maestro de capilla, Justo Ojanguren, en el canto coral y enseñanza de la música en general.

Por raro que resulte hoy día, hay que aclarar que en la Matanzas de los cincuenta no existían conjuntos ni orquestas profesionales. El profesionalismo estaba dado únicamente por la sindicalización del músico. El sindicato de la música era un órgano de la CTC y se llamaba Unión Sindical de Músicos y Similares de Matanzas, dirigido por un hermano de Blas Roca, de la izquierda política, que garantizaba mediante contratos y otros acuerdos legales la paga del músico. El contrato lo buscaba el director del conjunto, entonces se iba al Sindicato, y se establecía un convenio que protegía al trabajador. A los catorce años fui presentado en este sindicato, hice una audición de trompeta, y me entregaron un carnet como músico- técnico, porque yo sabía, además, leer música. De esta manera había un ambiente de tríos y conjuntos bailables en la ciudad, el de Sergio Pichardo, el Lira Matancera, el Jóvenes del Valle, el Sonora Juvenil (en este ultimo comencé a tocar la trompeta por el 53) ,y orquestas como la charanga de Alberto García, y la de los Hermanos Hernández, la Jazz-band de Somavilla y las municipales, Casino Deportivo de Perico y la Serenata Tropical de Jovellanos, con la cual tengo hasta una fotografía promocional, la de Amaranto de Cárdenas, y otras que se escapan de la mente. Otra era la  jazz band de músicos cardenenses dirigida por Jacobo Solar, que fue contratada por el hotel Internacional en Varadero desde su inauguración.

 Si la música popular hecha fundamentalmente por grupos menores como Tríos, dúos,  solistas vocales, conjuntos de sones y de música campesina, se ejecutaba generalmente con una práctica empírica, tampoco estaba totalmente exenta de  la técnica. En general, lo popular empírico o de  menos recursos técnicos no significaba que no fueran buenos. Recuerdo en mi paso diario para ir al Instituto haber visto en la ventana de una casa en la calle Cuba entre Compostela y América  a un grupo de individuos detenidos y escuchando el sonido del piano y la voz de  Frank Domínguez, matancero  autor de  obras del cancionero popular eterno, creador de “Tú me acostumbraste”, que es considerada la canción más grabada entre todas las cubanas. Ocupa un lugar de merito considerable el guitarrista e ingeniero, el gran artista cubano fundador del genero Feeling que fue Nico Rojas, que a la sazón vivía radicado en Matanzas, procedente de La Habana, desde la década anterior, por cuestiones de trabajo.  

  Salvo los integrantes de las dos bandas (la de concierto de Matanzas, que  es la más antigua de Cuba con continuidad histórica),  y la Militar, que tenían una plantilla estatal, y recibían un sueldo fijo, el resto vivía a su suerte que procuraba dentro del arte musical. Por otro lado, la enseñanza cubana de la música estaba en general completamente privatizada, limitada a conservatorios y profesores particulares,  quienes  vivían de sus clases.- En el caso de Matanzas, existían conservatorios como el de las Srtas. Cóndom, ubicado en la Calle del Medio, el Hubert de Blanck dirigido por Josefina Menéndez, y el de Gustavo Lamothe y Tomasita Angulo. Estos conservatorios estaban adjuntos a algunos de La Habana, y entregaban títulos de suficiencia, avalados por un tribunal conjunto de prestigiosos profesores habaneros y matanceros. Los maestros privados, aunque no entregaran títulos, también eran buenísimos. Aquí vemos entre tantos valiosos, el caso de mis profesores Mercedes Galindo, de Rafael Somavilla Pedroso, maestro de Pérez Prado, de Dagoberto Hernández Piloto. Este último tuvo de alumnos a Julio Vento y Gilberto Valdés, entre otros.

Otra cuestión importante eran las instituciones y centros recreativos: Existían en la ciudad un sinfín de sociedades privadas que ofrecían fiestas y espectáculos: el Tenis Club, que era de féminas, el Ateneo de Matanzas, el Liceo Artístico y Literario, el Casino Español, la Sociedad Unión, el Auditórium del colegio Irene Tolland, el Club Náutico, Las Cuevas de Bellamar y Monserrate  entre otros. Algunas de estas sociedades eran elitistas  por  los miembros que admitían, en quienes contrataban por su calidad y en  el arte que ofrecían, entonces, había que buscar trabajo también fuera de la ciudad o donde fuera,  abrir el abanico que permitiera vivir al músico. Estaba el caserío de la Julia, por la carretera Central, en el que había una capilla de la Caridad del Cobre, construida por un señor de apellido Mauriño, capilla esta que tiene una significación patriótica e histórica para la provincia, pues en ella se guardaron los restos de Manuel García, llamado “El rey de los campos de Cuba”  un alzado. En este caserío se hacían fiestas, y era una de las fuentes de trabajo. Otra era el Liceo de Ceiba Mocha, que en fechas fundamentales, como la fiesta de la Mocha los días 2 y 3 de febrero, se daban bailes. También estaba el  caso que en la finca tal o más cual montaran una fiesta, y entonces contrataran al conjunto de Pichardo, al de Jóvenes del Valle, la Lira, o a nosotros, el Sonora Juvenil.

Antes he mencionado que el sindicato protegía que una vez acordada la paga, esta se realizara. Sin embargo, no tenía poder para intervenir en la cantidad a pagar, este era un acuerdo exclusivo entre el contratista y los músicos, o a los efectos, el director del conjunto, y dependía de la magnitud del evento y de la popularidad y calidad de los contratados. Por ejemplo: La Sonora Matancera podía cobrar 1000 pesos por el espectáculo, el Conjunto Casino también, y si iba Celia Cruz cobraban 200 pesos por encima, etc., o la Riverside, o la Aragón, o la Orquesta de los Hermanos Castro, por citar algunas. Se trataba de agrupaciones capitalinas de amplia divulgación y  hasta emblemáticas muchas, que eran contratadas y venían algunas veces y alternaban en ocasiones con las agrupaciones locales, como con nuestro conjunto, pero la generalidad era menos esplendida: un director podía pedirle al dueño de la finca o directiva de la institución 500 pesos por tocar en su fiesta, y que este aceptara pagar solamente 200, para poner un ejemplo, y uno tener que conformarse. El músico siempre estaba a la espera y caza de contratos para los días “de salvación”, cuando mejor se pagaba. Estos eran: La Fiesta de la Mocha y de Sabanilla, los 25 y 31 de Diciembre, Los Sábados de gloria o Domingos de Resurrección en la semana santa, los 14 de Febrero día de los enamorados, eran fechas bailables, fijas. En medio de fuerte competencia y con  tenaz empeño  se conseguía trabajo esos días señalados en las instituciones y centros recreativos y se procuraba en  todo el espectro posible, así en las eventuales Verbenas del parque de  nuestra Bachicha.

La radio era, para el músico,  más fuente de difusión que de trabajo asalariado, sobre todo para agrupaciones menores. Existían  emisoras de relieve en la ciudad: el recuerdo me lleva a  Radio Matanzas, Radio Tiempo,  donde nuestro “Trío Tropical” tenía grabaciones  exclusivas y a Radio Menocal,  lugar de nuestro programa diario  con asistencia de público. Con el Trío y con el Conjunto hicimos televisión. Casi siempre se me escapa de la memoria mencionar el “Premio” que obtuvimos y  trajimos a Matanzas Amnerys Cánovas y yo con nuestro dúo al competir en el Programa patrocinado por Televisa-Publicidad del canal nacional Telemundo en 1956.

En el 54 se toma un decreto oficial de contratar conjuntos y orquestas bailables en los cines, ofreciendo un show a cada cierto tiempo, para que los músicos no se muriesen de hambre. ’’

 

Ildefonso ha punteado, con amplio dominio del tema, el panorama musical de los tríos, conjuntos y orquestas matanceras en los años cincuenta.  El es la experiencia, el testigo oral de una época ya distante, y a la que tanto debe la música cubana. En esas horas de conversación, para mi breves, disfrute de su música, de sus libros, de los reconocimientos locales, nacionales y extranjeros que ha recibido, de la compañía y atenciones de su esposa, que no se limito a servirnos de anfitriona sino que ante cada aspecto a tratar añadía una precisión, una fecha, acotaba un dato que permitiera enfocarlos desde una dimensión más concreta. La velada resulto sencilla, elegante y sobria, como mis interlocutores. Antes de despedirme, pasada ya la medianoche, solté una última pregunta. ¿Como valoraría los años cincuenta?  

 

“Fue una época contradictoria, romántica y dramática a la vez. Es la etapa del romanticismo, del feeling, de los tríos de voces y guitarras, de los cuartetos vocales, la época donde los medios de difusión juegan un papel determinante, con la llegada a Cuba de la televisión, cuando  se incrementan los ritmos cubanos bailables con el mambo, el cha-cha-cha, en la sonoridad del jazz band, la época en el que el rock’n roll sentó sus pautas, en que la influencia de la música cubana acuña su recorrido por  el mundo entero.  Son también estos los años en que se gesta el que después se convirtió en un nuevo país y el vuelco tan extraordinario que ocurriría en la década siguiente, y que nadie podía imaginar. Es el periodo de los   asaltos a los cuarteles Moncada en Santiago de Cuba y de Bayamo, y del Cuartel Goicuría en Matanzas. De la lucha en La Sierra y la clandestinidad, es la época de los  sueños y esperanzas, cuando era un riesgo salir a la calle, a esa calle siempre hermosa y culta de mí querida ciudad.’’

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4 comentarios so far
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Muy bueno que se comience a rescatar el pasado histórico cultural de la provincia de Matanzas que fue llamada la Atenas de Cuba, continúa por esa linea Mauricio

Comentario por Cora

hay que mentar al profesor ricardo fernandez fernandez de la orquesta sinfonica de matanzas y de la escuela de arte que realizo un exeñente trabajo durante mas de 20 años

Comentario por anil

anil, tengo entendido que el profesor ricardo no comienza en la sinfonica hasta 1963. Sin restar sus meritos, que se que han sido muchos, la entrevista recoge el periodo de la decada del 50 solamente. De todos modos me queda la duda y voy a consultarlo con ildefonso e iraida.

Comentario por mauricio

Alguna persona posee foto de la Orquesta de Jacobo Solar que tocaba en el Internacional de Varadero?

Comentario por Sato




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